CORREO
La Rioja (España)

2/12/08

Cómo aprenden los salmones y tortugas el camino a casa

Tortugas marinas y salmones han conseguido fascinar a los zoólogos con su misteriosa habilidad para encontrar el camino de regreso a su lugar de nacimiento. No importa que éste se encuentre en la otra punta del océano, a varios miles de kilómetros de distancia: de algún modo se las arreglan para volver a los orígenes con una precisión extraordinaria. Una nueva teoría afirma que el truco radica en su capacidad de aprender y memorizar los rasgos electromagnéticos de su área natal.

El primero de esos portentosos navegantes marítimos, la tortuga, se pasea por medio mundo antes de emprender el retorno con la intención de reproducirse, tras una década de vagabundeo. Otro tanto hace el salmón, que al cabo de varios años finaliza su periplo en el río que lo vio nacer, en donde depositará sus huevas.

Se sabía que ambas especies pueden reconocer el campo magnético terrestre y servirse de él para orientarse en su primera migración fuera del hogar. Pero el mecanismo inverso, es decir, el viaje de retorno, permanecía como uno de los fenómenos más intrigantes de la biología marina. Una hipótesis sostiene que los salmones saben 'olfatear' el camino a seguir en el agua que pasa por sus branquias, pero las observaciones realizadas demostraron que ello únicamente les sirve de guía en recorridos cortos, cuando se hallan próximos al sitio de desove.

Ahora el enigma parece haberse aclarado, afirman unos investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos). Ocurre que en determinadas regiones oceánicas, las rocas ricas en ciertos minerales generan anomalías magnéticas, una 'firma magnética' exclusiva del área. "La vuelta a casa puede explicarse en términos del aprendizaje animal de la ‘firma magnética’ de su región natal en las fases tempranas de su vida, y en la retención de esa información", apunta el biólogo Kenneth Lohmann, el autor principal de la investigación publicada esta semana en 'Proceedings of the Nacional Academy of Sciences'.

A esta conclusión llegaron él y su equipo tras años de seguimientos de las migraciones de las tortugas marinas a través del Atlántico. Previamente habían descubierto el 'mapa magnético' que permite a los especímenes adultos encaminarse a zonas donde abunda la comida. De estas y otras observaciones indujeron que dicho 'mapa genético' es adquirido en su infancia, por así decir. Reconocen que su teoría debe someterse a prueba, aunque adelantan que en el caso de las tortugas la demostración no será nada sencilla, toda vez que apenas una de cada 4.000 logra retornar sana y salva a su sitio de nacimiento.

Los expertos barruntan que un similar mecanismo gobierna los movimientos de otras especies viajeras, como tiburones y ballenas. Con todo, no descartan que los animales marinos se valgan alternativamente de varios medios, sea los 'mapas magnéticos', el mencionado 'olfateo del agua' o una refinada sensibilidad a la hidrodinámica, patente en el reconocimiento de los diferentes patrones de corrientes y olas con los que interactúan en costas y lechos oceánicos. En cualquier caso, apuestan a que el magnetismo terrestre constituye su mecanismo de orientación más importante.

Lo que ni ellos ni nadie ha podido dilucidar es por qué demonios a esos animales se les ha metido en la cabeza que deben volver al punto de partida contra viento y marea, habiendo en el mundo tantos lugares apropiados para reproducirse.